En la centrifugadora espacial
A la hora prevista me presento en la sala de la centrifugadora. Es una estructura de metal muy grande que da vueltas como la cuchilla de una batidora. A cada extremo de esta especie de hélice gigante hay una cabina para una persona. Una cabina es azul y la otra roja. El instructor nos advierte sobre la prueba.
– Ayer experimentasteis la fuerza de la gravedad en una manzana. Hoy os toca sentirla en vuestro propio cuerpo. Durante el despegue y el aterrizaje de una nave espacial vais a experimentar fuerzas superiores a las de la gravedad terrestre. La centrifugadora está diseñada para simular esas aceleraciones. Os advierto que es una prueba difícil. Algunos estudiantes se han desmayado mientras la realizaban. ¿Algún voluntario o voluntaria?
Por supuesto, levanto la mano antes que nadie y tengo suerte, soy uno de los elegidos. Me siento en el módulo azul. Kasia, otra estudiante, se sienta en el módulo rojo. Un técnico me instala en el pecho varias ventosas para medir los latidos del corazón. “Si se aceleran demasiado, pararemos la prueba”. Más que tranquilizarme, sus palabras me ponen más nervioso. Después, me atan varios cinturones de seguridad. En cuanto se va, me aseguro de que están bien atados.
Mis compañeros salen de la sala, la máquina empieza a dar vueltas. Primero lentamente, después más rápido, cada vez más rápido... A medida que aumenta la velocidad siento que mi cuerpo se va quedando aplastado contra el asiento. Es como si, de repente, pesara una barbaridad. Mover el cuello o una mano me supone un gran esfuerzo.
Me indican por radio que el indicador de fuerza de gravedad marca 4 g. Eso significa que la centrifugadora está acelerando tan rápido que he superado en cuatro la aceleración de la gravedad. La consecuencia es que siento mi cuerpo cuatro veces más pesado. Cuando el indicador llega a 5 g, la centrifugadora gira tan rápido que mis mejillas se estiran hacia atrás. Ya ni siquiera intento mover la cabeza o un brazo.
Por fin, la velocidad empieza a descender. Por control, me informan que he superado la prueba. Aunque no lo confieso a los demás, lo estaba deseando.
Así es una centrifugadora del Centro Gagarín de Entrenamiento de Astronautas:
La centrifugadora es una prueba clásica del entrenamiento de los astronautas. Os dejo algunas fotos del astronauta Scott Carpenter, de la NASA, durante su entrenamiento en la centrifugadora en 1959.
Y algunas fotos de máquinas centrifugadoras antiguas:





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